¿Alguna vez habéis estado tan asustados de la simple posibilidad de perder a alguien? ¿Habéis sentido esa sensación de pánico que crece en vuestro pecho cuando ese pensamiento cruza vuestra mente? ¿Esa presión que hace que sientas que ya no puedes respirar? ¿Que hace que sientas como si la atmósfera se hubiera vuelto más pesada y te aplastara lentamente, hundiéndote, pero aún sigues ahí, en pie, entero, pero sintiendo como si todo dejara de existir y solo quedara esa sensación clavado en tu alma? Y recuerdas a esa persona, buscas en tu interior, cualquier cosa, lo que sea que haga que vuelvas a sentirla cerca, buscas ese efímero momento de felicidad que está en tu interior, acompañado por ese recuerdo, no importa si triste, feliz, o que emoción contenga, solo importa que esa persona está ahí, al alcance de tu mano, tan cerca que puedes sentir cada parte de ella. Pero entonces, solo aumenta la angustia, buscas desesperadamente por algo más, algo que consiga conectarte de nuevo con ella, pero no puedes, no hay nada ya, solo vacío. Y entonces, finalmente, te dejas caer, dejando que todo caiga sobre ti, sintiendo la culpa sobre tus hombros por todo lo que deberías haber hecho pero no hiciste, ¿por qué motivo no lo hiciste? Ya ni siquiera importa, llegaste a ese momento en el que cualquier cosa que quisieras pudiera pasar, se ha convertido en algo imposible, algo que ya nunca serás capaz de hacer. Y así, como si nada, el rastro que quedaba, lo ultimo que os unía, desaparece, como un suspiro, lenta y silenciosamente. Ý con ese último suspiro debes decidir si levantarte y cambiarlo todo, caminar hacia delante, o si te quedas ahí, tirado, siendo consumido por la sombra, de lo que ahora, no es más que un recuerdo. ¿Te levantarías? ¿Lucharías? Al fin y al cabo, ¿qué más tienes que perder si lo intentas?...
